LO DESTACADO

Madres que dan todo

adriana-duran-valero-autismo

Se acerca otra vez en México y en algunos países de Latinoamérica la celebración del Día de las Madres y siempre me he preguntado ¿por qué es tan importante para nosotros esta figura dentro de la sociedad?

La familia en México es pilar de la sociedad y ahí es donde se inculcan y desarrollan los principales valores que los seres humanos tenemos: el respeto, el amor, la tolerancia, la igualdad por mencionar algunos y éstos deberían en teoría, tener raíces fuertes y sólidas, porque los practicamos todos los días en casa.

El Día de la Madre implica consumismo, hemos perdido el sentido de la celebración y promovemos a su vez, que el papel del padre quede por debajo de su real importancia. En los medios se promueve la adquisición de productos para la casa, una lavadora, una estufa, un refrigerador como regalos para la mamá y yo siendo una de ellas me pregunto.

¿Quién les dijo que yo quiero eso de regalo? Prefiero algo que pueda lucir, ponerme, bromeo con mis niños y mi esposo y les digo que sea algo que brille, que pueda colgarme, que no pese en mis orejas, manos o cuello.

Pero lo que ahora me gustaría compartir con ustedes es lo que pasa cuando una madre recibe la noticia de que su hijo llega con un premio extra que no pidió y que no esperó. LA DISCAPACIDAD.

Esa palabra tan fuerte, dolorosa, horrible y que te desgarra el alma, que acaba con tus ilusiones, tus esperanzas y que te azota contra el piso cada vez que vives algún episodio de la discapacidad de tu hijo y te muestra su lado más oscuro.

Cuando Adrián nació, era un bebé tan “normal” como otros, comía, dormía y hacía todas las cosas que todos los recién nacidos hacen. En mi caso, esta discapacidad invisible estaba agazapada, dormida, esperando darme su peor cara hasta los casi 3 años y aunque no es perceptible en forma física, duele igual.

Pero, hay otros chiquitos que desde que nacen llegan con la etiqueta puesta en su cuerpecito y desde un inicio sacude a las mamás quienes esperan 9 meses con la ilusión de conocer a ese pequeñito y es la primera cita a ciegas con alguien al que sin conocer ya amas y que sabes que será por siempre y para siempre.

Es un shock tan fuerte para esas mamás con niños que reciben a un bebé con Síndrome de Down, con parálisis cerebral, con espina bífida y con tantos nombres que ocuparían mi espacio en la columna.

Pero sea lo que sea, lo único que hacen es herirte, lastimarte y te agarran con la guardia abajo, porque tu esperaste todos esos meses a un ser hermoso, sano, completo y ahora después de su nacimiento, debes despedirte de la idea que tenías de recibir al hijo sano y darle la bienvenida al hijo con discapacidad física o intelectual.

¡Y eso es muy duro! ¡De verdad!

Hay personas que cuando por las pláticas que doy a las escuelas ó instituciones de gobierno me conocen y saben mi historia, en su afán por ser empáticas me dicen:

“Dios da hijos especiales a mamás especiales”

Y no saben que en el fondo me lastiman y no porque sean insensibles o mal intencionadas, sino porque, sinceramente puedo decirles que hubiera preferido ser una mamá común y corriente.  Hubiera preferido que me consultaran si quería este encargo, porque honestamente si así lo hubieran hecho, sin dudarlo, le hubiera pasado la misión a quién estaba formada atrás de mí.

Pero no quiero confundirlos, no quería esta misión no porque no ame a Adrián. Eso es punto y aparte, él es un ser perfecto para mí, y ¡amo ser su mamá! No imagino mi vida sin ese niño risueño, curioso y muy amoroso. Es al autismo al que no quiero.

Me dicen también que Dios vio cualidades que otras no tenían para cumplir con su designio, pero eso tampoco nos consuela, ¡no!

Aunque debo reconocer que sí encontré que las mamás de hijos con capacidades diferentes teníamos ¡un poder de reacción increíble! porque superamos el diagnóstico y sacamos fuerzas de flaqueza. Porque después de recibir la noticia, nada es igual…todo cambia, es el antes y el después del diagnóstico.

Y ante este cambio, las madres somos la que reaccionamos, las que aunque estemos hechas un mar de confusión devolvemos sin saber como la serenidad y tranquilizamos, también somos las que buscamos la información, somos las que aprendemos, somos las que enseñamos a los demás miembros de la familia y nos volvemos unas expertas en el tema de la discapacidad de nuestro hijo.

Estamos dispuestas a ser simplemente madres y nos vemos obligadas por la circunstancia a  aprender a cumplir tantos roles… médico, enfermera, terapista, maestra, psicóloga,  al tiempo que cumplimos con  el papel de madre para atender a nuestros demás hijos.

Debemos soportar y de buen grado y con la mejor cara, la intromisión de una persona “de afuera” que nos enseña cómo relacionarnos con nuestro hijo, que nos indique todo… cómo darle de comer, cómo hablarle, cómo cantarle, y además, debemos ir a la cita con el terapista al que le deberemos rendir cuentas de todo lo que hemos hecho.

Las madres especiales vemos a nuestro hijo especial a través de un cristal distinto… lo amamos, lo mimamos, lo protegemos, lo cuidamos y lo evaluamos constantemente… Quizás sólo lo miramos como un hijo como cualquiera, cuando está dormido y cuando no tenemos que ver si toma en forma correcta el lápiz ó la cuchara, si hace bien los ejercicios de motricidad, si deja de caminar de puntas o si no se golpea la cabeza con el piso o la pared para regular sus sensaciones.

Porque cuando ya todo está tranquilo por las noches, pensamos:

  • ¿Qué va a ser de ese hijo que requiere cuidados especiales cuando ya no esté para apoyarlo?
  • ¿Será capaz de ser autosuficiente?
  • ¿Será una carga para la familia?
  • ¿Algún día podrá formar una familia?
  • ¿Será víctima de algún tipo de abuso por su misma condición?

Son tantas nuestras inquietudes, son tantas las preocupaciones y entonces es cuando buscamos dentro de nosotras mismas y encontramos esas cualidades que no sabíamos que teníamos pero que trabajamos para que ese ser que depende de nosotras, se desarrolle y crezca lo más cercano a la normalidad.

Ahora puedo decirles, después de 7 años de haber recibido esta terrible noticia del autismo de Adrián, que un niño especial no nace de una mamá especial,

un niño especial escoge a su mamá para hacerla especial”

Y ahora, así me siento por él y con toda la seguridad del mundo quiero que sepas Adrián que te protegeré hasta que hayas crecido y entonces te daré completa libertad para que vueles hasta donde tus alas te lo permitan, pero siempre amándote pues eso es para siempre.

Especialmente para mi mamá, mi suegra, mis hermanas y para todas mis amigas y lectoras

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

adriana duran valero-