LO DESTACADO

¿Qué es la pascua de resurección?

“Para los católicos se conmemora la resurrección de Cristo, es pasar de este mundo al padre a través de Jesús, es decir el paso de la muerte hacia la vida eterna”

Y entonces después de leer mi carta de condolencias de Gregorio y Amparito me pregunto, Fernando, ¿Qué significa “ya vivió la Pascua de la resurrección”?… Mi respuesta fue, es regresar a la casa del padre, significa pasar de este mundo al padre a través de Jesús… ¿Pasar de este mundo al padre a través de Jesús? Si, para los católicos se conmemora la Resurrección de Cristo, es decir, el PASO de la muerte hacia la vida eterna. La palabra pascae en latìn, (pèsaj en hebreo) significa PASO. Por eso en estas Pascuas deseo de todo corazón que nos animemos y demos ese PASO, el que nos haga pasar: De la Resignación a la Acción; De la Indiferencia a la Solidaridad; De la queja a la búsqueda de soluciones; De la desconfianza al abrazo sincero; Del miedo al coraje de volver a apostar todo por amor; De recoger sin vergüenza los trozos de sueños rotos y volver a empezar; De la autosuficiencia al compartir el fracaso y los éxitos. De hacer las paces con nuestro pasado para que no arruine nuestro presente, Y de saber que de nada sirve ser luz, si no podemos iluminar el camino de alguien. Felices Pascuas o pèsaj.
Mira Durante la Semana Santa, todos los católicos conmemoramos el triduo Pascual, entonces, El Catecismo de la Iglesia Católica expresa bien claro que la pasión, muerte y resurrección, y ascensión de Cristo no deben ser vistas simplemente como eventos separados, sino como un evento único, llamado por la Iglesia “EL MISTERIO PASCUAL”. Y ese misterio Pascual no es un evento que puede ser asignado sólo a un tiempo y lugar en particular. No es simplemente un evento que sucedió hace 2000 y pico de años en Jerusalén y ya pasó. El misterio Pascual es el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre “una vez por todas.
¿POR QUÉ JUEVES Y VIERNES SANTO SON DÍAS DE GUARDAR? Aunque cada día de la Semana Santa tiene un significado muy especial, el jueves y el viernes son días de guardar o de precepto según nos pide la Iglesia católica, es decir, en los que no se trabaja y es necesario escuchar misa o participar el viernes de las celebraciones (pues ese día no hay misa). El Jueves Santo se celebra la Institución de la Sagrada Eucaristía como memorial de la Pasión del Señor, la Institución del Sacerdocio Ministerial y el mandato de caridad fraterna. En esta fecha los sacerdotes acostumbran, en un acto de humildad, lavar los pies en recuerdo de lo que hizo Jesús con los apóstoles; luego celebran misa repitiendo las palabras del Salvador con lo cual recuerdan la Última Cena. Recorrer siete Iglesias. En algunas iglesias, la gente hace la Visita de las Siete Casas para recordar la ruta que siguió el Redentor: el Huerto de los Olivos, la Casa de Anás, la casa de Caifás, el Pretorio de Pilato, la casa de Herodes, otra vez con Pilato y, finalmente, el Calvario.
VIERNES SANTO. El Viernes Santo se conmemora la Pasión y Muerte del Señor con la Ceremonia de Adoración de la Santa Cruz y la llamada Procesión del Santo Entierro. En algunos lugares se acostumbra representar el Vía Crucis y la Crucifixión. También tienen lugar ese día la reflexión de las Siete Palabras, la Procesión del Silencio y el Pésame a la Virgen o los Dolores de María, como muestras de religiosidad popular. Aquí se puede vincular el conocimiento que se tiene de los siete dolores de María y los siete dolores de Jesús.
Veamos: Los siete dolores de la Virgen que meditamos especialmente en el rosario llamado así, son los siguientes: 1 la profecía de Simeón; 2 la huida a Egipto; 3 la pérdida de Jesús Niño en Jerusalén; 4 el encuentro con Jesús camino del calvario
5 la muerte de Cristo en la Cruz; 6 cuando bajan a Jesús de la Cruz y le colocan en sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo; 7 cuando sepultan a Jesús.
Estos representan los siete momentos culminantes de los dolores de la Virgen. Y se han representado esos siete dolores, con siete espadas que traspasan el corazón de Nuestra Madre. Notemos, que estos siete dolores están en relación con Jesús, porque el sufrimiento de María proviene de su total comunión con el Redentor. Sus corazones eran y son uno. Es por esta unión que los sufrimientos de Cristo, son los de Su Madre, y los de María, son los del Corazón de Cristo. Hay en ellos una perfecta reciprocidad en el amor y en el dolor. Fueron tantas las espadas de la Madre como los dolores del Hijo. Cada punzada que daban a Jesús en el cuerpo, era una lanza que traspasaba, espiritualmente, al Corazón de la Virgen; cada bofetada, cada azote, cada llaga…eran puñaladas que daban a su Corazón materno, tan tierno y noble.
Virgen María: Por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva y corredentora, le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor . . . Virgen de Dolores y Virgen de la Soledad.
Y amaneció aquel sábado lleno de tristeza, dolor, con mil preguntas en el aire y ninguna con respuesta, sólo había un profundo silencio y una sensación de vacío y abandono, Jesús había muerto el viernes y no se podía hacer nada… ¿Alguna vez te has sentido así? De esas veces que tu corazón no encuentra respuesta, de esas veces que has rogado y llorado a Dios una respuesta de qué hacer con un hijo en particular, de cómo resolver ese problema en tu familia o has sentido el tremendo vacío lleno de desesperanza ante un diagnóstico donde todo está perdido y por más que lloras es como si Dios no escuchara?? Así creo que debió ser ese sábado… Pero para fortuna de todos, ese día de aplastante silencio y en apariencia un sábado sin vida. …
DIOS ESTABA PREPARANDO LA RESPUESTA PERFECTA LLENA DE AMOR, CONSUELO, DIRECCIÓN, EMOCIÓN Y ESPERANZA… Así que NO IMPORTA lo que veas, lo que escuches, incluso lo que sientas, para todos esos sábados en tu vida alejados de toda esperanza SIEMPRE SEGUIRÁ UN DOMINGO DE RESURRECCIÓN, UN DOMINGO DE GLORIA, UN DOMINGO DE TRIUNFO Y RESPUESTAS!!!!
Vive tranquilo y seguro que NADA ES LO QUE PARECE porque no hay una sola lágrima tuya que no ha sido recogida ni ninguna herida que no vaya a ser curada por DIOS porque CADA SÁBADO TIENE SU DOMINGO.
¿PERO POR QUÉ BUSCÁIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE ESTÁ VIVO? NO ESTÁ AQUÍ, HA RESUCITADO. Hasta entonces no habían entendido la Escritura: Que Él habría de resucitar de entre los muertos. María Magdalena fue al sepulcro el primer día de la semana, justo al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echo a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llego primero a sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entro. Llego también Simón Pedro detrás de él y entro en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con el que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entro también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que el habría de resucitar de entre los muertos. ¿Era importante eso? ¡Por supuesto! ¿Es realmente importante? ¡Claro que sí!, Para comprender el significado de la servilleta doblada, hay que entender un poco acerca de la tradición hebrea en esos días. La servilleta doblada tenía que ver con el Maestro y el Siervo, y cada niño judío conocía esta tradición. Cuando el siervo ponía la mesa de la cena para el Maestro, se aseguraba de ponerla exactamente de la manera que el maestro quería. La mesa estaba decorada a la perfección, y luego el criado iba a esperar fuera de la vista, hasta que el Maestro hubiera terminado. Ahora bien, si el maestro había terminado de comer, se levantaba de la mesa, se limpiaba los dedos, boca, y la barba, y hace un nudo la servilleta y la lanzaba sobre la mesa.
El siervo entonces sabía que era el momento para limpiar la mesa. Porque en aquellos días, la servilleta arrugada quería decir, he terminado. Pero si el Maestro se levantaba de la mesa, doblaba la servilleta y la ponía junto a su plato, el siervo no se atrevía a tocar la mesa, porque… la servilleta doblada significaba… “VOLVERE”… Entonces entro también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que el habría de resucitar de entre los muertos. Que increíble, que bello, ¿Qué más?: para decirnos “El “ que regresa con mensaje desde su tumba… para decirnos que regresa al Altar para bendecir el Pan de Vida Eterna y la Bebida de Salvación (Juan 6, 50-57)… Y al tercer día resucito de entre los muertos.
EL PEREGRINO DE EMAÚS (LETRA)… ¿Qué venias conversando? Me dijiste buen amigo; y me detuve asombrado a la vera del camino. ¿No sabes lo que ha pasado allá en Jerusalén? De Jesús de Nazareth a quien clavaron en la cruz, por eso me vuelvo triste a mi aldea Emaús… Por la calzada de Emaús, un peregrino iba conmigo, no lo conocí al caminar, ahora sí, en la fracción del pan.

Van tres días que se ha muerto y se acaba mi esperanza. Dicen que algunas mujeres al sepulcro fueron al alba, Pedro, Juan y algún otro hoy también allá buscaron. Mas se acaba mi confianza, no encontraron a Jesús, por eso me vuelvo triste a mi aldea de Emaús…. Por la calzada de Emaús, un peregrino iba conmigo, no lo conocí al caminar, ahora sí, en la fracción del pan.

Hizo seña de seguir más allá de nuestra aldea y la luz del sol poniente parecía que muriera. Quédate forastero, ponte a la mesa y bendice y al destello de su luz en la bendición del pan mis ojos reconocieron al amigo de Emaús. Por la calzada de Emaús, un peregrino iba conmigo, no lo conocí al caminar, ahora sí, en la fracción del pan.
TOMAS FUE REPROCHADO “AHORA CREES, PORQUE ME HAS VISTO” En esta aparición del Señor a los apóstoles no estaba el apóstol Tomás, de sobrenombre el mellizo. Si aparece, por una parte, el hombre de corazón y de arranque que relata san Juan 11:16. En el capítulo 14:5 san Juan lo muestra un tanto escéptico. Entonces se diría que es lo que va a reflejarse aquí. No solamente no creyó en la resurrección del Señor por el testimonio de los otros diez apóstoles, y no sólo exigió para ello el verle él mismo, sino el comprobarlo. Es así como el necesitaba ver las llagas de los clavos en las manos del Señor, y aún más, meter su dedo en ellas, lo mismo que su mano en la llaga del costado de Cristo, la que había sido abierta por el golpe de lanza del centurión. Entonces, sólo a este precio creerá.
Pero a los ocho días se realizó otra vez la visita del Señor. Estaban los apóstoles juntos, probablemente en el mismo lugar, y Tomás con ellos. Y vino el Señor otra vez, cerradas las puertas. San Juan relata esta escena muy sobriamente. Y después de desearles la paz “¡La paz esté con ustedes!”, se dirigió a Tomás y le dijo: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos y le mandó que cumpliese en su cuerpo la experiencia que él exigía diciéndole: Acerca tu mano, métela en mi costado. En adelante, no seas incrédulo, sino hombre de fe. No dice explícitamente el relato si Tomas llegó a introducir el dedo en las llagas para cerciorarse, al contrario lo exceptúa al decirle Cristo: Ahora crees, porque me has visto. La evidencia de la presencia de Cristo había de deshacer la obstinación de Tomás.
Tomas exclamo: ¡Señor mío y Dios mío! Esta exclamación encierra una riqueza teológica grandiosa y hermosísima. Esta es un reconocimiento de Cristo, es una afirmación de quién es El. Es, además, esta enunciación, uno de los pasajes del evangelio de san Juan junto con el prólogo, en donde explícitamente se proclama la divinidad de Cristo. Dado el lento proceso de los apóstoles en ir valorando en Cristo su divinidad hasta la gran clarificación de Pentecostés, sin duda la frase es una explicitación de san Juan a la hora de la composición de su evangelio.
Pero supone el acto de fe de Tomás. Tomás fue reprochado, no porque el ver para creer sea malo, sino por haber rechazado el testimonio de los otros apóstoles que vieron. Para creer hay que verlo directamente, como los apóstoles, o indirectamente, como nosotros, que nos apoyamos en el ver y en la predicación solemne y pública de los apóstoles. La fe es un don de Dios, pero tiene también sus bases humanas, como es el estudio y el testimonio de los testigos. Este Evangelio nos enseña una lección de fe y, nos invita a no esperar signos visibles para creer. Pero también es comprensible que Tomás quisiera experimentar por sí mismo, del mismo modo como nos gusta a nosotros experimentar por nosotros mismos, porque a Cristo se le debe experimentar en primera persona. Es cierto que la ayuda de los amigos como los consejos de nuestro director espiritual son válidos, pero al final solo depende de nosotros mismos dar ese gran paso a la fe, y entregarnos con toda confianza a los brazos del Señor.
El Señor permite a Tomás esta experiencia, se aparece a los apóstoles e inmediatamente le habla, me imagino la emoción de Tomás al verle, tal vez entristecido por haber dudado, pero al mismo tiempo agradecido por este actitud de Cristo y, así, el hace ese hermoso reconocimiento a la divinidad de Jesús con esta hermosa oración de alabanza: “Señor mío y Dios mío.” Dice el Señor: ¡Felices los que creen sin haber visto! La respuesta de Cristo a esta confesión de Tomás acusa el contraste, se diría un poco irónico, entre la fe de Tomás y la visión de Cristo resucitado, para proclamar bienaventurados a los que creen sin ver.
Y JESÚS SUBIÓ AL CIELO Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE. La Ascensión de Jesús es la enseñanza cristiana sustentada por varios pasajes del Nuevo Testamento de que Jesucristo entró en la gloria con su cuerpo resucitado en presencia de once de sus apóstoles, cuarenta días después de la resurrección. Jesús Ascendió al Cielo con su Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra. Es el momento en el que Jesús regresó al Cielo con su Padre, después de haber cumplido su misión en la tierra ¡En el Evangelio de San Lucas 24, 50-53 se narra cómo, después de dar las últimas instrucciones a los Apóstoles, los llevó cerca de Betania y mientras los bendecía, alzando las manos, subió al Cielo.
Los Apóstoles lo vieron alejarse hasta que desapareció en una nube. Con su Ascensión al Cielo, Jesús nos abre las puertas para que podamos seguirle. La Ascensión es para todos los cristianos un símbolo de esperanza, pues sabemos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros y que un día podremos llegar con Él a gozar de la felicidad eterna. Por esto, celebramos la fiesta con una Misa solemne. Durante la celebración de la Misa, puede haber una procesión solemne, con incienso. El crucifijo se adorna de blanco, se llevan luces y flores
DOMINGO DE RESURRECCIÓM. RESUCITÓ MI AMOR Y ESPERANZA. Dícenle los ángeles: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro» -.
Juan 20, 13-16…
REFLEXIÓN María Magdalena no pudo esperar. Apenas se había cumplido el plazo legal, salió muy de madrugada, todavía de noche, de ese tercer día desde tu muerte, para poder terminar lo que hicieron muy deprisa el viernes. No iba en busca de ti Jesús como resucitado. Iba en busca de un muerto para hacer una obra de caridad terminando de preparar tu cuerpo. Todavía no había calado en lo más profundo la profecía tuya de que al tercer día resucitarías. Tu muerte había sido tan brutal que borró toda huella de ese mensaje en su corazón. En la cruz habían acabado todas sus esperanzas pero lo que sí había en su corazón era un amor tierno por ti, vivo y ahora muerto. Vio dos ángeles brillantes y éstos le preguntaron: ¿por qué estás llorando mujer? Y ella respondió: porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto.
Su amor por ti era tan grande que perseveraba en la búsqueda, pero su fe era pequeña, se había casi apagado por el dolor de tu muerte. Pero ella perseveró, preguntó, buscó, lloró… Su corazón era el de una mujer enamorada de ti. No en vano habías perdonado todos sus pecados, que fueron muchos, porque había amado mucho. Ahora amaba igual, con la misma pasión y por eso te buscaba sin cesar.
Ahora tú mismo le preguntas por qué llora y a quién busca, pero ella no te reconoce porque tu cuerpo de resucitado es glorioso. Te confunde con el jardinero hasta que tú, pronuncias su nombre: “María”. ¿Qué habrá sentido ese corazón enamorado al escuchar pronunciar su nombre nuevamente por el Maestro? Ya no tuvo dudas, ni siquiera te preguntó cómo habías resucitado, por qué no estabas muerto. Ella ya tenía a su amado y eso le bastaba. Y a mí Jesús esta narración me dice tanto. Primero me cuestiono sobre mi amor por ti, si realmente estoy enamorado y si estaría dispuesto a buscarte – aunque estuvieras muerto- con la misma pasión y delicadeza que María Magdalena. Sé que estás vivo, que te escondes, pero mi amor es cansado y rutinario. Ayúdame a buscarte con ese amor tierno y perseverante de María. Quizás no te busco así porque se me olvida con frecuencia de dónde me has sacado, cuáles son mis pecados y cuántas veces me has perdonado. Quizás no he sabido amar mucho…
Y también aprendo de María Magdalena que muchas veces no escucho en mi oración y que por eso tantas veces no siento nada porque es como si estuviera hablando con el jardinero y no contigo. Pronuncia mi nombre Señor y esa será la señal de que estás conmigo, de que has resucitado en mi vida. Resucita mi fe pronunciando mi nombre con ternura. Enséñame a escuchar y no a llorar. Enséñame a escuchar y no a preguntar. Enséñame a escuchar y no a reclamar. “Señor, no me hagas esto, no te ocultes ante mi vista; entonces en plan suplicante le dije: Señor, enséñame a reconocerte cada vez que te manifiestes conmigo.” (QFB. Fernando de la Fuente García).

BIBLIOGRAFÍA
Biblia Católica Nacar Colunga
Catholic. Net. La Ascensión del Señor
Catholic. Net. Los siete dolores de la virgen María
Vatican.va/news_services/liturgy/2004/via_crucis/sp/station_01.html
QFB. Fernando de la Fuente García. La Brecha “Jesús el hijo obediente a la voluntad del padre”
QFB. Fernando de la Fuente García. La Brecha “Y al tercer día resucito de entre los muertos”

ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS
Mtro. y QFB. Fernando De la Fuente García
E-Mail: ferdelafuenteg@gmail.com
Twitter: @FerranFercho
WhatsApp: 4444-16-9864

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s