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Maculinidades y machismo, equidad y violencia de género. De San José y Jesucristo hasta Pedro Infante

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“El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra su contrapartida en la tensión y la contención permanentes, a veces llevadas al absurdo que impone en cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia su virilidad…La virilidad, entendida como capacidad reproductora, sexual y social, pero también como aptitud para el combate y para el ejercicio de la violencia (en la venganza sobre todo), es fundamentalmente una carga. Todo contribuye así a hacer del ideal imposible de la virilidad el principio de una inmensa vulnerabilidad” Pierre Bourdieu.

No lo había pensado antes. Francamente nada me había hecho reparar en las circunstancias que rodeaban aquel misterio que mi fe infantil y los dogmas aprendidos en “la doctrina” , que acaso repasábamos de soslayo todos los de mi edad en las posadas decembrinas; solo como trámite de recitación previa a la piñata y a la repartición de nuestra “posada” de cañas y cacahuates, colaciones y mandarinas que eran lo que más nos importaba; lo cierto es que vivimos mucho tiempo con la “certeza” de que María concibió a Jesús de Nazaret cuando aún era virgen, intocada incluso por José su esposo, con quien aún no consumaba su matrimonio.
Hasta ahí, cierto o no y con respeto para los que estén de uno u otro lado de la creencia, jamás me pregunté sobre José: ¿Cuál habría sido su reacción frente al hecho? ¿Acaso como nosotros en la doctrina no tenía intención de profundizar sobre el embarazo de María? y ¿Qué hacer ante la exigencia social silenciosa pero implacable? Imagínese usted en aquellos años y en aquellas latitudes en las que aún se acostumbra apedrear hasta la muerte a las mujeres adúlteras. Sin duda el paradigma de José es muy rescatable en términos de la equidad y la violencia de género que deben ser una preocupación y ocupación necesaria de los gobiernos y los pueblos hoy en día; pero más de los Estados que como el nuestro se enfrentan a fenómenos de envilecimiento y corrupción derivados o emparentados siempre con la dominación, que es donde tienen su caldo de cultivo todas las practicas de abuso y de violencia.
El caso de José hijo de Jacob, hombre maduro (el era viudo y los evangelios apócrifos dicen que tuvo muchos hijos hermanos de Jesús) como padre putativo de Jesús, independientemente de las interpretaciones teológicas y religiosas, habla de una persona que se sobrepuso a la presión social, al “qué dirán” e incluso a leyes que en su momento tuvo que haber considerado injustas, pues no delató a María ni la expuso a la sentencia sumaria que correspondía a una fémina en su circunstancia; esto es, vulnerable legal y socialmente tan solo por su sexo. José mostró respeto por su mujer, congruencia y fidelidad hacia lo que él quería y sentía más allá de lo que pudiesen pensar los demás aún hoy en día; se expuso a la discriminación que sufre un migrante al huir hacia otras tierras, para salvar a su hijo.
José fue protector, proveedor y fue educador de Jesús y de María pues incluso los involucró en sus actividades y cuando tomó la decisión de optar por la mujer que eligió de compañera no rechazó su masculinidad sino que la confirmó con dignidad. La masculinidad, como la femineidad son construcciones sociales, estructuras ideales que hacemos en colectividad pero que pueden tener variables sin que por ello se renuncie ni se repudie el propio género pero hace falta mucho para que nuestras sociedades adquieran esa tolerancia y esa convicción de equidad que tanto impiden factores como los tabúes como la costumbre, las normas religiosas, la creación y difusión de estereotipos, el ataque y fobia hacia quienes evidencian comportamientos que desafinan con la costumbre y la “normalidad”.
Presenciamos escándalos de violencia de género y leguaje sexista en muchos de nosotros y es que lo vemos a cada paso. En esta misma Semana Santa he visto en televisión cine documental sobre la vida de Jesús bastante recomendable (es el que me puso a reflexionar sobre la situación de José en su momento) y también han bombardeado con un homenaje a Pedro Infante que si bien no es Dios póngalo como semidiós para los mexicanos; de este me llamó la atención el promocional de una película en el que aparece el actor dándole un pisotón en un pie, deliberadamente y como si fuese una gracia a una mujer para luego hacer una de sus muecas pretendidamente simpáticas; desconozco el contexto pues no he visto y evitaré al máximo ver tal película, pero no es necesario violencia, abuso y dominación machista sobre lo femenino quedan de manifiesto y se promocionan como algo simpático y aceptable. Aquí la masculinidad machista se reafirma con el uso de la violencia que culturalmente se nos enseña como permitida. Y ya que hemos hablado de Dioses y Semidioses porque no hablar de Lucifer pues así se conoce en psicología el complejo por el que el hombre ejerce la violencia y deshumaniza a su víctima hasta que ésta considera “normal” ser violentada.
PEDRO OLVERA / Retruécano / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 13 de 2017