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Pandemia populista, un factor clave del deterioro de la democracia

Si bien populismo y demagogia son conceptos que actualmente se han usado de manera indistinta e indiscriminada, en un sentido peyorativo; son muy similares en su objeto y objetivo.

La primera es una tendencia política dirigida a las clases populares, y la segunda en su bajeza es un cúmulo de acciones para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política.

Pues en el contexto de un mundo donde todo es posible, la bárbara e irresponsable aplicación del discurso demagógico por parte de actores ambiciosos, puede convencer los odios más incrustados en el ser, desembocando resultados inocuos e irreales basados en decisiones tomadas fuera de la razón.

El populismo, desde el nacionalismo nazi hasta los tiempos actuales, ha crecido como una infección, contagiando sin distinción a naciones y sus sistemas políticos, sin diferenciar entre culturas o realidades nacionales.

Siguiendo el contexto internacional de un mundo que transita en el muy sano proceso de desfronterización con tendencias a colaborar horizontalmente en todos los niveles; siguen surgiendo ideologías populistas de rencor donde se confunde la identidad nacional con el proteccionismo desmedido, donde se disfrazan lobos con piel de oveja.

Y es que hemos visto en el pasar de los tiempos inmediatos situaciones que polarizan a la sociedad dividiéndola entre sí, partiendo de principios rancios que la misma dinámica ha venido desmoronando.

En el 2016 se vivieron varios parteaguas democráticos, donde las votaciones a ojos de una decisión sesuda –como lo requiere una nación al momento de modificar el rumbo–, se optaba por dar un salto al vacío o ser ejemplos para el planeta. En todas se eligió la segunda.

En el hermano continente europeo se dio el denominado Brexit, que no consistió más que en una segunda votación para seguir en la dinámica del bloque más poderoso –política y económicamente– del mundo o retirarse a su esquina llevándose sus canicas, en este caso, la participación de poco más del 72% donde motivado por un discurso chovinista casi el 52% votó por el sí, anunciando su salida y el proceso que llevaba.

En el país vecino, el discurso ganador de la contienda electoral –pero no de las mayorías– fue un duro golpe para los ciudadanos del mundo, pues el grado de segregación y ataque a otras naciones cayó con especial peso sobre nuestra nación y cultura. En este caso, “Make America Great Again” y el discurso de odio lleno de promesas complicadas –o casi imposibles– de cumplir, fueron los ganadores de la contienda en su estilo de democracia.

En América Latina, se le dijo NO a la paz, y se le dio el sí a que continúe el conflicto armado, que ha atravesado la región durante más de 50 años dejando ocho millones de víctimas, todo esto motivado en una elección muy cerrada que aunque con una participación menor al 40% poniendo de manifiesto la falta de solidaridad en un país atravesado por la guerra.

Asimismo, el latente discurso y las acciones que violentan la democracia han continuado desolando en otras latitudes de nuestro continente, pues con autoritarismo dictatorial se han violentado las identidades democráticas constitucionales rompiendo la división de poderes, bajo un discurso que reitera, recalca y subraya el nacionalismo desmedido.

Por otro lado, en nuestra gran nación, el discurso que polariza y enfrenta a la sociedad no es una novedad, pues tanto en el pasado como en el presente se han endulzado los oídos de muchos con propuestas vacías pero virulentas que demeritan las instituciones que han sido el producto del trabajo de todos los mexicanos; solo generan resultados nocivos para la cohesión de nuestro pueblo.

Entonces, ante este clima político y social tan propicio para el crecimiento y expansión del populismo, habrá que combatir la diseminación cortando la infección, con sensatez y buena gestión. Es por el bien de nuestro país, ya que ninguno –ni nadie– tiene el derecho a condenar a las generaciones futuras a vivir, involuntaria e irrevocablemente, en función de los caprichos del presente.

  • Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed).