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Política: M.I.

carlos-perez-opinionCuando se lo propusieron, recuerda él, si acaso le pensó unos cuantos días. Era un intelectual y académico de la Universidad de Harvard, que había pasado más de tres décadas fuera de su país de origen, Canadá, y escribía o enseñaba de política y derechos humanos. Pero nunca se había dedicado a la política de deveras.
Era, miren, un candidato de gran potencial en caso de que lograba legitimarse y aprender rápido de la realidad política y partidista del país donde había nacido. Resultaba, pues, una evidente y auténtica incógnita.
Lo visitaron en el otoño de 2004 en Cambridge junto a Boston, para hacerle una oferta que difícilmente podía rehusar… a no ser que le diera demasiado miedo. Se trataba de tres hombres cercanos al Partido Liberal, que en esos tiempos tenía el poder en Canadá, con la idea de que regresara para presentarse como candidato del partido.
Muchos habrían de ser sus desafíos, hallazgos, esfuerzos, sufrimientos y aprendizajes, al igual que sus esperanzas, logros y desilusiones, tal como lo narra en su libro ‘Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en la política’, Taurus, 2014. El profesor Michael Ignatieff, hijo de inmigrantes rusos, decidió lanzarse… con riesgos más o menos calculados, claro.
A lo largo de seis años, entre 2005 y 2011, vivió una gran experiencia de reinvención personal. Dentro del sistema parlamentario de ese país, que recuerda al del Reino Unido, logró primero ser elegido a la Cámara de los Comunes como miembro del parlamento por un distrito, y ese mismo año se postuló para líder del Partido pero fue derrotado. Luego fue líder interino a fines de 2008 y ya ganó la posición en mayo de 2009. Sin embargo, en la peor elección federal de la historia de su partido, perdió su asiento en 2011 y tuvo que renunciar como Líder de la Oposición.
Bueno, dice él, ha habido peores ‘outsiders’ desde que el agricultor romano Cincinato dejó su arado para salvar a la República del peligro. Han “entrado en la arena y han intentado pasar por antí-políticos que llegaban para salvar a la política de sí misma”. Por la ingenuidad, oigan, se paga un alto precio.
De manera similar a este escribano, M.I. es progresista en materia social y más conservador en lo fiscal (económico). Pero, ojo, ya no se combaten las ideas o posturas de un candidato sino lo que el candidato es. Y tuvo que desaprender o aprender todo lo que pudo, y hasta simular pasión o frialdad según se requería.
Fogueado y reflexivo, ha regresado ahora a sus tareas de catedrático, investigador, historiador y columnista en periódicos. De hecho, no estuvo lejos de ser Primer Ministro si bien ‘la Fortuna’ no siempre vino a su lado, y comparte hoy vivencias que se vuelven auténticas enseñanzas.
Digamos: a) No hay atajos a la sabiduría política; b) lo crucial es escuchar… para actuar; c) hay arrogancia incluso en la ambición por servir; d) no es cosa de mala suerte, sólo de conducirse con astucia en el momento exacto, no antes ni después; e) al comunicar y persuadir, la verdad no debe estorbar a lo artificial bien disimulado; f) la brutalidad e ingratitud dominan la excitante política de competencia; g) los agravios no son nada personal sino parte de la política (no buena ni mala fe); h) la anti-política de los partidos convierte adversarios en enemigos; i) la capacidad teórica es un fardo en la política, pues son esenciales la discreción y simulación; j) enorme daño causan las campañas negativas, aún más si incluyen algo veraz y no se tienen medios para contrarrestarlas.
Con todo, Ignatieff ratifica su confianza en que la política puede mejorar nuestras vidas.
* JUSTO UN MES ANTES de nuestra elección presidencial del 1 de junio de 2012, garabateaba yo en este espacio: “el probable ganador tiene que atender un aviso de que, con soberbia y cerrazón, no resultará tan sencillo llegar y gobernar con o sin los corruptos de antes y de hoy… Si el PRI es el mismo, México ya es otro —muy distinto— y (las) presiones deben ayudar a EPN a quitarse algunos lastres, si reacciona con oportunidad e inteligencia…”.
Hasta allí la cita textual que, de casualidad, encontré estos días al buscar un par de columnas que hice a fines de mayo de ese año a mi regreso de la 75 Convención Nacional Bancaria en Acapulco. Creo que viene al caso recordar, cinco años después, ese tipo de avisos (nunca escuchados).
¿Qué le queda ahora al presidente? ¿Y a nuestro país?
* EL GOBERNADOR CARRERAS ES visto con serenidad e indulgencia por numerosos potosinos. Pero igual no son pocos los que, en forma creciente, lo critican por diversas razones. Viene a ser bastante larga la lista de calificativos y algunos de ellos no suenan nada amables, aunque aquí me concentro brevemente en dos comentarios que recibí estas semanas.
El primero es que “no tiene oficio político” a pesar de su preparación académica y amplia experiencia en el sector público, pues de manera continua evita a la prensa que lo cuestiona y evade a los manifestantes… ya sean mujeres víctimas de violencia sexual e institucional, o representantes indígenas que objetan e interrumpen eventos de consulta. Muestran los críticos que se ha quedado semi-paralizado sin saber bien cómo reaccionar y ha dejado la atención a algún colaborador.
Me parece que no es un problema de oficio político, sino de sensibilidad para desplegar una reacción personal que pudiera marcar el inicio de algún tipo de solución. Quizá se requieran talentos que deban ir más allá de lo básico, al igual que visos de coraje (valor, determinación y hasta cierta pasión) ante diversos desafíos.
El segundo surge de que el mandatario tiende a abusar de una sonrisa imperturbable frente a deterioros muy serios, como con los feminicidios en que estos 5 meses la federación no ha declarado la alerta de género y se señala que unas 40 mujeres más han sido asesinadas por razones de género. Añaden que el gobernador sigue hoy tan sonriente o despreocupado, por lo que “parece que… no sabe de eso o que no le importa” (Astrolabio, 25/III).
Miren, cualquiera de estas dos opciones se ve improbable, pero quizá todo ello es sólo una muestra de la desconfianza y las malas impresiones que pueden producirse en la política.
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CARLOS PÉREZ GARCÍA / Opinión / Ciudad de México / Abril 1 de 2017.