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La precarización de la representatividad en México ¿Elegir a los educados o educar a los electores?

pedro-olvera-retruecano

Las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños

quedan prendidos en ellas; los grandes la rompen. Anacarsis.

Hace apenas unos días se discutía en un evento académico sobre la deprimente calidad y nivel de diputados, senadores y gobernantes de todos los órdenes de gobierno en lo que hoy se me ocurre pudiésemos llamar la precarización de la representatividad en nuestro país, que en gran parte deviene de falta de capacidad y de vocación auténtica para el ejercicio de la política, la administración y de interés por servir…con un gran interés por servirse.

Casi de forma natural se empezó a bordar sobre una solución mágica tan llevada y traída en los últimos tiempos por la que muchos juicios a la ligera y muchas tendencias a encontrar las soluciones “por decreto” han establecido que lo indispensable es prescribir normativamente la obligación de que todos los candidatos a puestos de elección popular reúnan un perfil profesional y conocimientos de cada materia en la que vayan a desempeñarse. Claro está que en el caso de los funcionarios y servidores públicos de nombramiento, designación o contrato es perfectamente exigible que reúnan esas condiciones y mal hacen quienes les permiten trabajar sin cumplirlas; pero en el caso de los funcionarios de elección popular, salvo alguna que otra excepción como la de los Síndicos de algunos municipios de mayor densidad poblacional, no es factible en observancia de principios torales de un sistema democrático como el principio de igualdad que evita el que se discrimine a cualquier ciudadano que desee participar, tenga o no preparación o estudios.
Así pues, la discusión en la conferencia a la que me refiero desembocó a una reflexión: ¿Por qué no educar mejor a los Electores que a los elegidos? Y es que los electores en nuestro país y seguramente en otros nada lejanos limítrofes y norteños, suelen o solemos elegir, cuando llegamos a asistir a las urnas, sin ninguna información más o menos verificada o como si fuésemos a adquirir un jabón: al más puro y mexicano tanteo, casi como aquella viejecita que al volante de su chevroletito 57 cerraba los ojos y se aventaba a cruzar la avenida…a ver qué tal le iba….y así suele irnos. Eso, los que acudimos a votar porque cuente usted también todo el mal que hace el que no acudamos…todo el campo que les dejamos libre a los ganadores de siempre, pues no es cierto que gana el abstencionismo como rezan las cabezas de nota periodística el día 6 de Julio de cualquier año.
Entonces ¿Cómo educar a los electores? Pues la mejor manera de aprender bien algo es practicarlo, luego la mejor manera de aprender algo del poder ciudadano es ejercitarlo, participar, utilizar los instrumentos de participación ciudadana de que un verdadero sistema democrático debe estar provisto. En nuestra colonia, en el edificio habitacional donde habitamos, en la escuela de nuestros hijos, en fin en todos los espacios ciudadanos que la cotidianeidad nos va proporcionando…pero hay algo más: Un instrumento fenomenal que específicamente fue ideado para que el pueblo participara de las decisiones trascendentales, mas allá de la democracia representativa, lo es la FIGURA DEL PLEBISCITO Y DESDE LUEGO LA DEL REFERENDUM. En San Luis Potosí el entonces Gobernador del Estado Horacio Sánchez Unzueta incorporó mediante su iniciativa y entre otras importantes reformas estos dos vehículos de participación ciudadana, que aunque no han podido ser puestos en ejercicio aún, representan la posibilidad de expresarse en la toma de decisiones trascendentes para la comunidad. Tal como lo hacen ya desde hace mucho tiempo otros pueblos, como en Cataluña que se consulta sobre la Autonomía en relación a España; como en Irlanda y Escocia en diferentes momentos se pregunta el pueblo a sí mismo por la separación política con el Reino Unido; como en todo el Reino Unido se preguntó por la separación de la Unión Europea; como en Colombia se consultó sobre los acuerdos de Paz y en Francia desde los 50s se votó por tener o no una nueva Constitución. Y es que el pueblo es el Poder mas Soberano ya lo señalaban así pensadores desde la época de Santo Tomas de Aquino.
Pero más lejos que las disquisiciones sobre la soberanía que nuestra propia Carta Magna establece que reside esencial y originariamente en el Pueblo, a lo que vamos es a que si no se ejerce el derecho, si no se ejerce el poder como los músculos, vienen las atrofias a todo el organismo, esto es, a todo el Estado. Un pueblo que no practica la democracia y su poder de decisión, sencillamente NO SABE DECIDIR. Es indispensable y urgente que las autoridades promuevan su ejercicio, que incluso les legitimaría. Pensemos en Créditos y endeudamientos; pensemos en el matrimonio entre personas del mismo sexo que el propio Congreso TEME RESOLVER. Pensemos en el destino del edificio para comandancia en el centro de la ciudad. No se pierde poder de los gobiernos, SÍ se gana legitimidad y APRENDIZAJE PARA TODOS.

PEDRO OLVERA / Retruécano / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 1 de 2017.