LO DESTACADO

Deseo

elsbeth-cheyenne-pujol-del-castillo-confesiones-rosas
Me encuentro sentada junto a mi ventana, admirando el cielo, escuchando la calma y la lluvia que forman una perfecta sintonía, y recorren por mi mente muchas preguntas: ¿y si tan solo lo hago? ¡Y si decido buscarlo? ¿Si tan solo le mando un texto? ¿Podría resultar? Ha pasado casi un mes que me decidí, me quité el antifaz, respiré profundo y escribí unas cuantas palabras, fue diferente, porque en un abrir y cerrar de ojos ya lo había enviado.
Mi corazón corre a mil por hora, anticipándose a nuestro primer encuentro, todo comienza a ir más rápido de lo debido, casi puedo sentir mi sangre correr por todo mi cuerpo, a tal grado que comienza a elevar su temperatura, la respiración está un poco más acelerada de lo normal, a la vez me encuentro completamente quieta por fuera, aunque por dentro ya causaste una revolución.
Te veo y algo descontrola mi mente y mis emociones, van en una carrera esperando llegar a la meta y es cuando tus labios se acercan a los míos, mientras tus manos comienzan a juguetear con mi cabello, tomándolo y soltándola una y otra vez, te vas perdiendo poco a poco en cada rizo envolviéndote en ellos, sin prisa alguna; me veías diferente al primer instante.
Cuando me besaste deslizaste tu mano por mi cabello llegando hasta mi mejilla, te detuviste un momento regalándome un toque de inocencia dulzura y calor, nuestros ojos se cerraron y nuestros labios dejándose llevar por el momento, los besos cambiaron de ritmo y la locación parecía ir cambiando al compas.
Tu mano bajo de mi mejilla hacia mi cuello deslizándola suavemente y lo más despacio como te fue posible hacerlo, la caricia cambió, pareciera que tus caricias hablaban, pidiendo a mi ropa desaparecer; obstruía en tu camino por conocer mi piel.
Tus manos recorriendo mi piel una y otra y otra vez, tan lentamente que pareciera comenzabas a contar todos mis lunares desde cero, cada que volvías a iniciar, como si quisieras conocer cada poro, cada cicatriz, cada historia oculta detrás de una u otra imperfección marcada en mí; tu mano se postro en mi hombro tomándolo con mucha fuerza y delicadeza queriendo lograr un perfecto equilibrio entre dulzura y pasión.
Tomaste mi mano y quedaron entrelazadas, a partir de ahí, me tomaste de la cintura acercándome a ti, pareciera nos pudiéramos compenetrar en uno mismo, eres lo más dulce que se puede ser cuando la pasión y deseo te transforma, convirtiéndose en una dosis perfecta de placer y necesidad.
Tus manos siguen explorando mi cuerpo como si anhelaras encontrar algo en él, tocas mi piel como el pétalo de una flor y te vas acercando mas y mas hasta que te envenenas de su aroma y suavidad, tu mirada se dilata y tus besos se sienten mejor segundo a segundo; no sé qué me causa más placer, si tu manera de acariciarme y hacerme volar en tan solo unos segundos, o tu rostro al hacerlo.
Los latidos empiezan a sonar al mismo ritmo, el deseo aumenta, el calor de la habitación está al borde, la agitación de nuestro respirar hacen perfecta sintonía con el deseo, nuestros cuerpos se mueven suavemente por la habitación, deslizando cada caricia sobre ti, sobre mí, volviéndonos parte de esa canción de Bettye Lavette con Nihgts in White Satin, que sonaba justo a la mitad de ese momento, provocado por las ganas, esas ganas que, iban mas allá de estar, o saciar solo el deseo, esas ganas de entregarme a ti, de ser tuya, de volverme tu mujer hasta terminar con los cuerpos sudados y con ese placer incontrolable, desbordante, que empieza con cautela, con un toque de suavidad y acaba con las sabanas en el piso y las prendas en diferentes rincones de esa habitación hecha nuestra aquella noche.
La respiración que comenzó acelerándose a cada instante, se va convirtiendo en un sonido oculto detrás de la mirada y los labios entre abiertos, pidiendo más de ti, más de mi, más de ese sentir.
La piel se eriza, lo que eran unas gotas de sudor, ahora son dos cuerpos, completamente empapados de ese deseo, el placer va en aumento; sus manos toman mi cadera con fuerza, tratando de nos desbocar los cuerpos dejando que sus manos me guíen como riendas queriendo controlar la dirección del camino, a donde habíamos de llegar. La música deja de sonar, solo puedo oír nuestro palpitar, todo se detiene, solo estamos tú y yo, el libido que hay justo en ese instante entre nuestros cuerpos es demasiado, y aún así demasiado pareciera poco comparado con lo que sentía aquella noche.
La temperatura de nuestros cuerpos revezaba lo imposible, la humedad en nuestra cama echa lienzo para plasmar aquel arte creado en ese encuentro, volvía a cada instante mas denso el aire que respirábamos en cada momento sin aliento, en cada toma de oxigeno, tu rostro estaba en dirección al mío, sin poderlo evitar nuestros ojos se conectaban más de lo que podría explicar, las miradas fijamente y perdidas mas allá del momento, nuestros labios nos se sellaban por completo, las manos entrelazadas, el latir de nuestros corazones sonando a la par, nuestros cuerpos encajaban a la perfección, como piezas echas una para la otra, después de tanto buscar lo que lograse unir cada parte de nosotros.
Esa unión de cuerpos y deseo, ese deseo que nos saca de nosotros mismos, nos pierde en el trayecto desubicando todo a nuestro alrededor, lo único fijo está puesto en ti y en mí, el deseo que se dispara es tan alto que pareciera imposible de satisfacer, lo convertimos en algo excesivo y tan de nosotros un capricho creado, un vicio consumido, un placer anhelando revivir en cada ocasión, el deseo en su máxima expresión, creando el resultado de sus dos caras, la parte obscura, confusa, estúpida y la parte de la claridad e inteligencia que sientes cuando estás en ese instante, convirtiendo ese instante en una pequeña eternidad, del momento provocado por una piel erizada que logra sentir, hasta el más mínimo roce y transformarlo en todo un esplendor, ese segundo que te lleva hasta el cielo y de ahí al universo y justo cuando crees que no sea posible sentir más placer, te bajan de golpe al hasta el infierno, agudizando todos tus sentidos, la respiración ya no se siente respirar, tu cuerpo esta tenso y relajado a la par, que es casi imposible e inimaginable estarlo de tal o cual manera que tu mente está en blanco, tu cuerpo sudado, extasiado, tenso, que si quisieras mover un solo dedo no lo lograrías, solo queda el movimiento oculto de la obscuridad; mi cuerpo necesita ese algo de ti. Me conviertes en tu esclava y ama, transformando al momento, en esclavitud y reinado del sentir.
Tu eres el deseo que motiva la voluntad mía de quererte de poseerte; conviertes unas cuantas caricias en una necesidad, impulsándome a satisfacerla con un gran anhelo, al paso de los días la plenitud de mi ser y mi piel de querer sentirte cerca, de sentir tu aliento en mi, quiero volverte a ver, mi cuerpo extraña cada parte de tu piel, queriendo mirarte, queriendo quererte.

ELSBETH CHEYENNE PUJOL / Confesiones Rosas / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 8 de 2017.