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Las Mujeres y la Reforma

Después de la reforma electoral de 2014, las feministas tuvimos algo muy claro, el que no todas las mujeres que llegaran a los congresos representarían los intereses de nuestro género. Sería necesario que de tanto en tanto, con el ejercicio de la ciudadanía y la paulatina pérdida del miedo infundado y reproducido por el discurso patriarcal contra a las mujeres que defienden los derechos humanos de otras mujeres, es decir a las feministas, estas pudieran ir ocupando las curules.

Pero esto no es nada nuevo, en octubre de 1931 las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España por 161 votos frente a 131. En ese entonces solo había dos diputadas en dicho país. Por un lado, Clara Campoamor, una política española y defensora de los derechos de la mujer que creó la Unión Republicana Femenina y fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino. Por otro lado, Victoria Kent quien fue una abogada y política republicana española, la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid y estaba en contra del sufragio femenino.

Uno de los momentos más distinguidos y controvertidos en la vida de estas dos mujeres fue el debate por el derecho al sufragio femenino ante las Cortes españolas, en una batalla dialéctica y trascendental sobre esta cuestión que repercutiría enormemente en los derechos de las mujeres. La opinión de Kent era que la mujer española carecía en aquel momento de la suficiente preparación social y política y que, debido a la influencia de la Iglesia, su voto sería conservador y perjudicaría a la República.

La opinión de su compañera Clara Campoamor era en cambio que, pese al resultado de las urnas, toda mujer debería tener el derecho de votar, pues defendía la igualdad de todos los seres humanos.  El debate fue seguido por los medios de comunicación, que espolearon burlas y comentarios como: “dos mujeres solamente en la Cámara, y ni por casualidad están de acuerdo“, o “¿qué ocurrirá cuando sean 50 las que actúen?“. De hecho, la prensa las apodó irónicamente La Clara y la Yema.

Las cosas no han cambiado mucho desde entonces, aunque el Congreso de nuestro estado tiene el mayor número de diputadas en su historia, los hombres siguen haciendo lo que su voluntad les dicta y en algunos casos apoyados por otras mujeres. Ejemplo de ello fue el ámpula que levanto entre los legisladores el hecho de que las legisladoras fueran quienes encabezaran los dos órganos más importantes del congreso, la Presidencia encabezada por la Diputada Josefina Salazar y la Junta de Coordinación Política presidida por la Diputada Esther Angélica Martínez, mismas tardaron más en tomar protesta, que en ser juzgadas con argumentos más falaces y misóginos que los de la misma Santa Inquisición, para su posterior salida.

 

Así también ocurrió con el reparto de las comisiones pues de 30 solamente 9 las presiden diputadas, de las cuales, con excepción de la Comisión de Justicia y Hacienda del Estado, las mujeres siguen siendo encasilladas en las correspondientes al cuidado de los vulnerables, lo cual no es malo, sin embargo, con impunidad y sin presupuesto es poco lo que en ellas puedan hacer.

Lo anterior dio cuenta de la necesidad imperante que tienen nuestras legisladoras para aliarse, protegerse, legislar con una agenda en común y sobre todo una estrategia de cohesión en temas de género que a todas les conviene.

Uno de estos temas es el de la paridad electoral, mismo que el mes pasado saco a relucir las más incongruentes, primitivas y exacerbadas manifestaciones del machismo imperante en nuestros legisladores. Desde el señalar que en los partidos batallarían para encontrar mujeres que quisieran participar y estuvieran capacitadas para una elección, hasta el diputado que discutió con la Delegada del INE argumentando que la paridad debe ser temporal porque las mujeres se victimizan para que les sigan dando posiciones.

Sin embargo, de nueve diputadas solo una presento iniciativas sobre el tema de paridad, misma que no dudo en impulsarlas asistiendo a todos los foros de participación ciudadana que organizó el Congreso del Estado para legitimar su reforma electoral y aun cuando en el discurso todos mencionaban la importancia del tema, pareciera que el ponerlo sobre la mesa fuere el peor pecado para la promovente.

Un día antes de que fuera votada la reforma electoral, la comisión especial de la misma rasuró las iniciativas sobre paridad emitiendo un dictamen en donde el artículo 36° constitucional sufría una modificación que ni era legal, ni era la propuesta por la iniciativa de la Legisladora Esther Angélica. Ante esto mujeres de la sociedad civil organizada, activistas y algunas de sus compañeras diputadas se sumaron a la inconformidad lo cual orilló a que el miércoles por la noche se reunieran las comisiones de puntos constitucionales y reforma electoral para llegar a acuerdos y evitar otro penoso espectáculo de los que se dan en el salón de plenos los jueves.

A dicha reunión en calidad de experto, asistió el magistrado del tribunal electoral, sí, ese que aún sigue impune por ejercer violencia política contra otra magistrada, también asistió la diputada que vía su presidente de partido había estado denostando en medios de comunicación el trabajo de su compañera legisladora sin siquiera saber que las dos eran perjudicadas (otra vez) por el mismo sistema patriarcal que perpetúa los privilegios para los hombres y  olvidando que al ser parte de la comisión de género y derechos humanos ella misma debió impulsar una iniciativa sobre el tema, pero al parecer eso se le olvidó.

Entre tonos altos y postura firme, señalada como víctima de la histeria femenina lo que habitualmente sucede al no ceder ante los infundados argumentos masculinos, así fue como la legisladora Martínez Cárdenas amenazó con retirar no solo las dos únicas  iniciativas en materia de paridad, si no 6 de las 25 iniciativas de la reforma electoral dejando sin materia de estudio otros temas trascendentes que solo ella formalizo en propuestas, motivo por el cual el club de Toby legislativo no tuvo más opción que volver a modificar la redacción y garantizar la participación política de las mujeres de manera paritaria.

Al día siguiente, como si nada hubiera sucedido el Diputado García Melo subió a tribuna y fue votada sin contratiempos la reforma electoral, al terminar la sesión las Diputadas de manera espontánea se juntaron a comentar el logro que para ellas y para todas las potosinas representaba la reforma aprobada, pues al parecer hasta ese momento dimensionaron el valor y el poder que todas juntas pueden lograr si estiran la cuerda para el mismo lado.

El próximo 8 de marzo en el marco de la conmemoración del día internacional de las mujeres, las 9 Legisladoras tendrán su primer evento conjunto en un panel donde hablaran sobre el trabajo que han realizado a favor de las potosinas, cabe señalar que la delegada del INE Mtra. Ana Lilia Pérez Mendoza participara con una ponencia, lo cual genera mucha esperanza, pues al parecer se sabe feminista y lo ejerce muy bien.

Y hablando de feministas, es preciso retomar el discurso con el que, en 1930 la Diputada Clara Campoamor defendió frente a los hombres y frente a su propia compañera Victoria Kent el derecho al voto femenino mismo que en 2017 bien valdría la pena retomar en la lucha por los derechos políticos de las mujeres:

“¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?”

Una sola diputada feminista bastó para lograr el derecho al voto de las mujeres españolas, una sola Diputada interesada en el tema bastó para que el día de hoy tengamos garantizada la paridad en la constitución potosina, imaginemos que pasará el día que no sea una, si no todas las integrantes del congreso unificando el sentido de su voto para la causa de la mujer. Decía Campoamor que “la libertad se aprende ejerciéndola”, yo pienso que la democracia también, paridad y ya…