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De cantinas y fiscalías

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Así, pues, de vez en cuando intento reponerme de los esfuerzos de seriedad y cierta originalidad que uno trata de plasmar en estos artículos semanales. Para ello es útil algo bastante más ligerito: digamos, reproducir aquí las frases que se leen en las paredes de una cantina que parece restorán, a la cual voy a veces a comer y ver el futbol de mayor nivel que no se capta en mi casa y menos en la oficina. El referido establecimiento está cerca de estos dos puntos y la buena comida no resulta cara… esto último, supongo, como “gancho” para que uno consuma bebidas con las que el negocio cuadra sus cuentas.
* Bueno, miren ustedes, van algunas de esas ocurrentes cantinelas (dichos, aforismos o refranes que se vuelven muletillas).
Entre la casa y la oficina, siempre estará la cantina.
¡Ay reata (nombre de la citada piquera) no te revientes, que ya es el último jalón!
Una mujer me arrastró a la bebida… y nunca tuve la cortesía de darle las gracias.
Es bueno dejar el trago, malo es no acordarse dónde.
Voy a dejar de tomar seis meses en un año… un día sí y uno no.
Podemos asegurar que de cada 10 borrachos, 5 son la mitad.
El que a este mundo vino y no bebió vino ¿pues cómo es que vino?
El alcohol es el padre de todos los vicios, y como padre… hay que respetarlo.
El japonés come pescado crudo, el mexicano come chilaquiles crudo.
Sólo quien (no) ha comido ajo, puede darnos una palabra de aliento.
Me molesta que hables cuando interrumpo.
Existe un mundo mejor… pero es carísimo.
Las únicas personas normales son las que uno no conoce bien.
Casarse está bien, no casarse está mejor.
Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes.
* Y agrego ahora otras en torno a la política mexicana, ya sean reales o prácticamente inalcanzables.
La izquierda desunida, siempre fue vencida.
¿Estaríamos peor, con López Obrador?
* Allí mismo, en los muros de esa taberna disfrazada de restorán (o al revés), se leen algunos ejemplos de avisos de ocasión.
Hombre de buenas costumbres, busca alguien que se las quite.
Cambio moto chocada por un par de muletas.
Claro, más allá de una limitada cultura refranera o de sabidurías que sólo se basan en frases motivacionales, coincidirán ustedes en que es válido entretenerse un poco.
* TRUMP NOS CONFIRMA QUE está bastante enfermo y, ojo, absolutamente convencido de que va muy bien y tiene la razón en todo lo que hace. ¿Qué se puede intentar en estos casos? Tanto allá en Estados Unidos como por acá en el resto del mundo, el problema no resulta nada fácil.
Su narcisismo o egocentrismo y cierta ‘dementia senile’ en cuanto a una megalomanía que le impide escuchar opiniones distintas, se entremezclan con su radicalismo ignorante (nunca lee) en un coctel explosivo y difícil de manejar para cualquier país (o para su tercera esposa). Digo, creo yo, sin ser siquiatra. A su vez, eso sí, sus males son más graves que el conocido mesianismo de Andrés Manuel López Obrador (curable, ojalá).
Fíjense, don DT nos comprueba que es un empresario alejado de la enorme complejidad de temas de la función pública como el comercio internacional o los sistemas de salud… Se va dando cuenta y hasta lo ha mencionado ya.
Con tantos estadounidenses que lo apoyan y se muestran tan inquietos por las tendencias migratorias, es aún mayor la conveniencia de que nuestros paisanos mantengan un bajo perfil en gran parte de aquel territorio, sobre todo los indocumentados.
* DE LA CORRUPCIÓN SI acaso añado aquí que necesitamos ver qué califica como tal y qué no, para evitar así confusiones y distracciones. Las prioridades de un sistema local anticorrupción deben ser muy precisas y no perderse entre todo lo que se nos pueda ocurrir a los ciudadanos, sino centrarse más bien en un número limitado de casos representativos que vayan al fondo en cuanto a las redes de complicidades.
Me parece, oigan, que muchos están dispuestos a creer que todo viene a ser corrupción y que cualquier acusación o murmuración resulta cierta. Eso, en realidad, no ayuda nada… para los gobiernos habrá de ser más útil considerar que, si quieren imponer la Ley, tendrán que empezar por la propia casa.
* EN CUANTO A LA difícil selección del Fiscal Anticorrupción en el estado, dos lectores sugieren que en San Luis Potosí se busque alguien de prestigio que haya permanecido relativamente alejado de partidos políticos (ni a favor ni en contra) y de cargos en los gobiernos estatales.
Agregan que sería preferible un potosino que radique fuera del estado, y que tal vez trabaje en el Poder Judicial Federal sin compromisos con abogados litigantes ni con grupos políticos o despachos jurídicos locales. En fin, subrayan que hay Jueces Penales Federales que cubren muy bien esos requisitos.
Las fiscalías, lo sabemos, tienen que acreditar un grado de autonomía para que puedan ser creíbles y eficaces. Esto es fundamental pero igual se deben encontrar candidatos que, al no ser demasiado teóricos o ingenuos, entiendan el mundo real con cierto pragmatismo y no vayan a resultar chivos en cristalería de perfil anti-político, ni tampoco inquisidores o purificadores que tiendan a armar un verdadero desmadre (no hay mejor palabra)… Las cacerías de brujas suelen ser contraproducentes y podrían dar lugar a que ese Fiscal se tuviera que ir pronto, lo que al final favorecería a la corrupción.
En última instancia, por supuesto, todo ello deberá añadirse al tema básico de que sea un excelente abogado.
CARLOS J. PÉREZ GARCÍA / Opinión / Ciudad de México / Marzo de 2017.